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Charanga HabaneraDavid Calzado y la Charanga Habanera
Un ciclón necesario





El hombre puede proponerse y alcanzar las metas más increíbles, sin embargo, el éxito definitivo precisa siempre de un extra que no está incluido en las buenas intenciones. Es más bien un asunto divino, vinculado a los misterios de la naturaleza humana y que tiene una misma denominación aún cuando se exprese en idiomas distintos: Talento.

Cualquier obra humana depende de ese don para conseguir distinguirse del resto, para brillar entre sus semejantes. En la música se me antoja como un milagro que dota a los elegidos de una habilidad inigualable para sentir y trasmitir placer.
David Calzado es uno de esos afortunados, el trabajo desplegado con su Charanga Habanera durante los últimos 14 años lo ha catapultado a la fama, pero ese es tan solo el resultado de una profusa capacidad y pretensiones muy bien definidas.

De los sueños y las realidades


Sus pasos en la música comenzaron –como en la mayoría de los casos- en el corredor de la  infancia; cuando lo vestían de traje e impresionaba a todos tirando pasillos sorprendentes con la orquesta de su padre, en ese entonces, Estrellas Cubanas. Luego vendrían los estudios de violín, tarde si consideramos que el aprendizaje de ese instrumento comienza  a los siete u ocho años y no a los 10 como fue el caso.  No obstante, la eventualidad no impidió que el incipiente violinista tuviera y alcanzara sus primeras quimeras… “Yo siempre soñé con un día ponerme un smoking, una pajarita, pararme delante de una orquesta sinfónica y tocar, por ejemplo, un concierto de Chaikovsky.  Al parecer tenía condiciones bastante buenas en mi instrumento al punto que un día tuve esa sinfónica detrás, pero la de la escuela.  Ese sueño lo logré en el Amadeo Roldán, un fin de graduación, me escogieron para ser el concertista de la sinfónica e interpretar un concierto de Bach y fue una cosa muy linda…” 

La ilusión  continuó pero no coincidía por completo con sus aspiraciones.  La música clásica no cuenta con un público numeroso en Cuba y el joven David aspiraba a una popularidad que jamás alcanzaría como violinista concertante. De modo que encaminó sus pasos hacia las pistas de baile e integró varias orquestas.  Personalmente, recuerdo el “despertar” de la Ritmo Oriental en los 80, con un muy joven Tony Calá como voz líder, y aquella “lección de Azúcar” que el público seguía con verdadero deleite. Con asombro supe, hace apenas unos años, que el genio de David tuvo que ver con toda aquella renovación que experimentó la Ritmo, sobre todo entre 1984 y 1986. 

Luego abandonó un tanto los bailables para desarrollar un interesante trabajo como productor en la casa discográfica EGREM, mas, otro giro en su derrotero lo encaminó hasta los Violines de Tropicana una etapa que recuerda con agrado pero que le exigió bastante “llegué tocando el violín regular porque ya había perdido práctica y tuve que estudiar durísimo.”  Fue en este arduo período cuando encontró la oportunidad de su vida. Allí fue seleccionado para integrar una orquesta que se presentaría en el Sporting Club de  Montecarlo y que el empresario gestor de la idea intituló Charanga Habanera…

Del azar y los designios

Aquella agrupación concebida para interpretar  temas antológicos de la música popular cubana, terminó por convertirse en el detonante que hiciera estallar, esta vez de forma definitiva, toda la capacidad que contenía David como creador y líder de una orquesta de música popular cubana contemporánea.  Por cuestiones que no viene al caso comentar ahora, a los 3 años de creada esta charanga, fue nombrado su director.  No tardaría entonces en cambiar conceptos y convertir aquella agrupación que amenizaba las veladas de Montecarlo en una orquesta imprescindible dentro del panorama de la música popular en Cuba.
Desde que se presentaron por primera vez ante el público cubano, aquellos músicos impactaron no sólo por la indiscutible calidad sino por su imagen y desenvolvimiento escénico, diferente por completo a todo lo que hasta ese momento se veía en los escenarios nacionales. Aunque la música popular bailable gozaba de una salud sin precedentes y consagrados como Van Van y Adalberto Álvarez junto a formaciones más recientes como NG la Banda, Isaac Delgado y Paulo con su élite, eran aclamados casi hasta el delirio por un público bailador cada vez más numeroso; los músicos fogueados en Montecarlo atrajeron la atención de sus colegas y del público.

Desde el inicio, David Calzado tuvo un concepto muy bien definido de cuanto quería hacer. “Yo prefiero cuando voy a actuar que la gente mire y se sorprenda con el espectáculo.  Por eso  trato siempre de tener una orquesta que haga más que la música y así moriré. Cuando ya esté viejo y ande con bastón, ese bastón servirá para hacer alguna coreografía… ese es mi concepto.”
Semejante concepción no es tampoco un hecho fortuito.  “Yo soy un músico que me formé muy diferente, quizás, a otros artistas.  Estudié muchos años el violín,  a Mozart, Bach, Bethoveen, y toda la música sinfónica pero, a su vez, mi padre era cantante de una orquesta muy importante que hubo en los años 60 que se llamaba Fajardo y sus estrellas. Era la orquesta de los llamados magnates, como se dice,  y  hacía un gran espectáculo.  Desde niño yo veía que ellos se cambiaban de ropa número por número.  Por ejemplo, había un tema que se llamaba El Tamalero, y se vestían de tamaleros…”  esa experiencia unida la vivencia de Montecarlo acabaron por darle a David Calzado noción absoluta de qué camino continuar como líder de la orquesta. La posibilidad de compartir escenario y ver actuar a figuras como Stevie Wonder, Barry White, Donna Summer, James Brown, Ray Charles, Frank Sinatra, Charles Aznavour, Jerry Lewis, o Kool and the Gang, le completó su idea sobre lo que debía ser una actuación en vivo. “Hasta el día de hoy eso está influyendo en mí.  Yo soy un artista que me formé en esta música que estoy haciendo ahora, y me formé en el Sporting Club de Montecarlo, viendo a los grandes que han formado parte de la historia.”

De la intuición y la constancia

Para lograr su concepto, David es muy cuidadoso en la elección de los músicos que por demás, son capaces de intercambiar roles, y al mismo tiempo ser cantantes, instrumentistas o bailarines.  “Yo creo que he sido un formador de talentos.  Porque casi todos los cantantes que ha tenido la charanga, -como yo les digo a ellos- si los hubiese oído cantar antes, nunca  hubieran cantado en la orquesta. Yo me dedico a buscar otra cosa. No es que tenga que ser lindo ni feo, sino que tenga el porte que de para lo que yo quiero.  Una cosa importante: hace tiempo decidí que iba a tener dos cantantes con la piel clara y dos con la piel oscura.  Eso lo tengo concebido.

Claro,  tengo en cuenta si es afinado o no; pero yo los formo.  Paso tiempo con él,  lo llevo para mi casa y cojo el piano, y canta…y no me lo digas así… y hay mucha gente que han cantado con la Charanga que alguna gente me ha dicho: ¿pero, tú vas a poner a ese aquí? ¡Ese no sirve! Y después he logrado éxitos con él. Porque el problema es que una cosa es cantar y otra tener una producción detrás, un director.

Y tengo un ejemplo para eso: Haila es una de las cantantes más grandes que ha dado este país junto con Vania, Jenny, Osdalgia estelares cantantes todas; pero Haila es una de las cosas más sensacionales que ha dado la música cubana de todos los tiempos. Cantó con Bamboleo y tuvo éxitos durante esa etapa… después de eso hizo dos discos que son muy buenos, producidos por Ceruto, Joaquín Betancourt, buenos productores musicales...  Todo el mundo había sabido hacerle la música muy bien a Haila, pero nadie había sabido conducirla: --  -No Haila, no lo hagas así, hazlo de este modo- Y yo recuerdo que al principio ella estuvo más de un mes en desacuerdo con la manera en que yo le pedía que cantara; y ahora, después de eso, ha cantado con varias gentes, y todo lo canta así. Es decir, una de las cosas de la música es la dirección, la conducción de las personas.”

De las pasiones y las prioridades

El trabajo como productor del disco Haila Diferente, representó el regreso de David a un mundo que le apasiona y donde se desenvolvió muy bien en la década del 80 cuando dirigió y produjo para la EGREM importantes registros.  “Sentirse dueño, dirigir la orquesta…es una cosa fantástica.  Realmente me atrae tanto, tanto como el trabajo con la Charanga; pero hay que dedicarse mucho a él.  Ahora con el disco de Haila estuve casi dos meses encerrado en un estudio, y la Charanga me tiene pensando todo el tiempo. Entonces no puedo dedicarme a producir ahora. El día que yo sienta que debo recesar, que me retire de la música activa, entonces a lo mejor comenzaré a dedicarme a producir.”

Enorme paradoja para quien tiene en la popularidad una de sus principales metas. Téngase en cuenta que la faena del productor musical casi siempre es ignorada: “Ese es el trabajo del anónimo. Pero cuando tú has tenido popularidad en lo que estoy haciendo  yo, y después haces eso, entonces sí. Lo que hice en los 80 pasó inadvertido porque todavía no era nadie. Pero ahora soy una gente conocida porque tengo el amor del pueblo; entonces, lo que haga ahora, aunque sea tras bambalinas, la gente lo valora.”

De la voluntad y lo ineludible

Contrario a sus propios cálculos, la Charanga Habanera se ha mantenido gozando de una popularidad extraordinaria durante varios años de manera ininterrumpida. David es de los que opina que es imposible mantenerse todo el tiempo en la cima del éxito.  Para él, los Van Van son un caso extraordinario, el ejemplo, pues durante 36 años se han mantenido en la preferencia del público; los número uno van y vienen, pero Van Van se mantiene siempre en el mismo lugar. “Yo quisiera poder hacer lo mismo pero no depende de mí.  Depende de que mi musa me acompañe para mantener  un nivel como ese. Y he tenido muchos picos de popularidad en mi historia desde el 92, muchos picos.  Pero evidentemente tienes que ceder un tiempo, tiene que venir un artista que tome el bate un ratico, y después vuelves tú… eso es normal.”

Sin embargo, el momento de abandonar “el terreno” no se vislumbra aún. La capacidad de convocatoria que tiene esta orquesta es impresionante, sobre todo si valoramos que no es precisamente ese tipo de música la que más demanda tiene en estos momentos. “Entonces eso da a la charanga un valor. Está muy difícil llegar a la  canción tocada de una manera bailable; son pocas las orquestas que logran todavía hacer la música bailable natural. Bueno, Van Van, que con su sello sigue todavía manteniendo canciones en la popularidad, tocando con su misma idiosincrasia. Y casi todo el mundo está haciendo concesiones con sus propios conceptos de trabajo.”

De las esencias y las alternativas

Cuando en el 2004 la EGREM entregó sus premios de acuerdo al número de ventas de los discos, la Charanga Habanera se convertía en la Orquesta Revelación gracias a los astronómicos niveles de venta que alcanzó el CD Soy cubano, soy popular considerado por muchos especialistas como su mejor disco, únicamente comparable a la entrega de 1997 titulada Tremendo delirio.
Sin embargo, a este álbum totalmente “timbero” cuyos temas aún son demandados por el público; le siguió Charanga Light, un trabajo con cierta tendencia al pop que pudiera parecer una de esas concesiones: “No, lo que pasa es que yo dije: En este momento que estoy tan fuerte con este disco que va a durar dos y tres años, voy a tener el placer de hacer un disco para mi.  Así gané un público que no era charanguero porque no le interesa esa música, un público de otras vertientes y de diferentes niveles y conceptos de la vida. Entonces, sumé otro público que no tenía.  También, yo tengo un estilo, tú escuchas mi orquesta y sabes que es la Charanga.  Pero yo he sido un artista… -que también lo ha sido Formell- que trato siempre de irme por la moda, de evolucionar, pero impregnarle mi concepto, mi estilo.  Es decir, eso mismo que hacen otras gentes yo lo hago pero tú te vas a dar cuenta que no es igual.  Yo trato siempre de encontrar una manera “charanguística” de hacer las cosas.”

De este modo conozco que la Charanga lleva cerca de seis días grabando un reguetón con Eddy K; una idea que David no asimiló desde el principio pero acabó por seducirle y me explica, apoyando su comentario anterior: “Pero yo tengo que lograr que ese reguetón sea diferente a otras versiones que se han hecho.”

La oportunidad se vuelve inestimable entonces para saber la opinión del músico sobre esta controvertida tendencia musical: “Yo pienso que toda la música que gusta tiene un valor, independientemente de que la maquinaria le haya puesto el interés que le haya puesto. Ahora, a ti te gusta o no. El gusto en la música no se puede manejar. Claro, aunque ya llevan un año y medio o dos con mucha fuerza, soy de los que pienso que es un sonido bastante repetitivo y no creo que pueda durar muchos años. Aunque tenemos un fenómeno, el reggae ha formado parte de la historia y también es un ritmo repetitivo.
Sin embargo, he estado luchando todo el tiempo, tratando de no caer en el reguetón. 
Cuando los muchachos de Eddy K me dijeron eso, -ellos están pegaísimos en su género- en principio no tenía mucha intención, pues no sabía cómo iba a meter yo mi Charanga con un reguetón duro, natural como el de ellos.  Pero bueno, lo estamos haciendo y estamos tratando de que sea un número muy comercial, que se pegue.  Porque toda la música que yo hago está hecha para un público.”

De las evoluciones y los regresos

Siendo uno de los líderes de la llamada Timba Cubana que tuvo su momento de mejor esplendor en los inicios de la década del 90, David considera que este género no ha decaído, apenas se toma un descanso. “Este país es bailador.  Este país no es rockero, ni popero, es bailador y bailador de casino y de tembleque. Al final, la música popular cubana de estos tiempos va a coger la cabeza. En el disco que acabo de terminar hace poco, El ciclón de La Habana, toqué a mi tiempo.  El único número que hice con otro concepto fue Esta es mi charanga.  Pero todo lo demás es timba, timba. Pero menos suicida que antes porque el momento no lo está pidiendo.

Ya en este disco hay como dos temas que se pueden bailar en pareja muy bien. Incluso ahora estuve en Europa y ya está puesto en muchas discotecas y la gente ha bailado en pareja porque están en un concepto más casinero, varios de ellos. Y otros sí los mantuve con mi onda Charanga heavy metal. Sin embargo, con este disco pasan cosas increíbles. Soy cubano, soy popular fue un gran éxito en Europa, en Cuba no te lo puedo contar. Charanga Light en Cuba, muy bien; en Europa, so so.  Sin embargo, ya hay un sitio de Internet donde dicen que el mejor de la historia es El ciclón de La Habana. Porque para ellos, como yo hice la música en este disco es, quizás, como más la necesitaban.”

El surgimiento de La Timba como género y su “contribución” a esa llamada “crisis del Casino” son procesos que David considera naturales.  Para él, La Timba no es más que la evolución de la música popular cubana hacia una expresión más agresiva, y hace una parábola con el desarrollo del rock. “La música popular cubana ha sufrido esa transformación.  No se puede bailar en pareja porque tiene otros cánones y otra concepción musical.”

De las influencias y otros sueños

Siempre que veo a David en escena, me viene a la mente Benny Moré y aquel estilo singular de dirigir la Banda. Sé que lo admira y que en su formación no dejó de beber  de esa savia  poderosa que nos han legado los grandes talentos musicales nacidos en esta Isla. A pesar de ello, cuando le pregunto por sus influencias, para asombro mío, el apasionado charanguero echa un vistazo a sus contemporáneos: “Yo te diría que Juan Formell no ha influido tanto musicalmente, yo tengo otro concepto, pero es la foto que yo miro para ver cómo se puede hacer algo semejante. Otro a quien le tengo un gran respeto es José Luis Cortés, eminencia musical; Adalberto Álvarez un compositor sin paralelo… Manolito Simonet que para mí es la banda que mejor suena en vivo.  Es una gama de grandes músicos que forman el criterio de cómo yo tengo que conducirme.  Y evidentemente,  siempre digo Formell porque es el decano, pero todos aquellos son grandes especialistas que ayudan a que yo pueda pensar en cómo  tengo que prepararme y conducirme para poder pelear entre ellos.”

No obstante, como vivo convencida de que en algún resquicio del mundo creativo de David Calzado habita el espíritu de Arsenio, Matamoros, Chapottin, Marcelino Guerra, y del propio Benny entre muchos otros nombres ilustres; como conozco el arreglo e interpretación excelentes de Pare cochero, tema incluido en el primer disco de la Charanga, y porque sé que en su primera etapa de Montecarlo, el repertorio estuvo compuesto por títulos antológicos de nuestra música tradicional; me niego a dar por concluida esta conversación sin tocar el tema.  Esta vez la respuesta me convence por completo: “Este disco tiene una versión de Píntate los labios, María cantada por un trompetista que toca en la Charanga, que para mí es un gran cantante.  Yo tuve que poner esta versión porque tocábamos esta música en Europa, y en los  conciertos, cuando estaba vendiendo Soy cubano, soy popular, cuando terminaba los extranjeros decían: la canción que cantó el trompetista está?   ¿Ah, no? Ah, no quiero el disco.
Yo voy a preparar un plan para hacer un disco con esa música completa. Diez temas de esos con mi onda de la charanga. Va a ser otro de los gustazos que me voy a dar.”

Evidentemente, en el tiempo de David no queda mucho espacio para otra cosa que no sea la creación musical.  Definitivamente, sus musas le acompañan y cooperan en la conquista de empeños mayores. Si algún día este artista sacrificó sus quimeras de violinista concertante a cambio de notoriedad; hoy, convertido en un cubano muy popular, entrega toda su capacidad creadora en busca de retos mayores: “Yo trato de ser una persona que pase a la posteridad. Entonces, aunque ya no sea popular, la gente me recuerde y diga: ese es David Calzado.  Es otra fase muy difícil de conseguir.”

 
Paradiso
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