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César Pedroso, PupyCésar Pedroso, Pupy
El Rey del tumbao



Cuando el inicio de su ruta exitosa con la orquesta Los Van Van como pianista, arreglista y compositor superaba ya los 30 años de labor ininterrumpida; decidió darle un giro a su carrera artística y fundó una nueva agrupación. Casi un lustro después de ese suceso, sigue figurando entre los imprescindibles de la música popular cubana, y cuando los bailables anuncian la presencia de su orquesta, todos saben que la fiesta está garantizada. Por tal motivo, Pupy y los que son son, no podían estar ausentes del encuentro Baila en Cuba a celebrarse a finales de este año en Ciudad de La Habana y que ahora nos sirvió de pretexto para este diálogo donde el músico dio una ojeada a su extensa trayectoria con parada obligatoria en el legado de su padre.

“En mi casa siempre hubo piano, mi papá tocó piano, con la Sensación, con la orquesta de Chapottín, con Benny Moré…con una serie de personalidades de la cultura cubana, de ese tipo de música. Un tío mío tocaba güiro con la orquesta de Arcaño, mi abuelo era director de una orquesta que se llamaba Cuba, tocaba flauta. Es decir, que en mi casa lo que se respiraba todo el tiempo era aire musical.

Entonces yo, desde pequeño, me ponía al lado del piano y le trataba de sacar alguna melodía con los deditos y recuerdo que las primeras fueron Cerezo rosa e Inolvidable primavera cuando tenía como 4 años. Ya, cuando fue pasando el tiempo, seguí tocando y a la edad de 11 o 12 años fue que entré en el conservatorio, aunque antes de eso, daba clases con maestros particulares. Pero siempre como base fundamental, el patrón fue mi papá. Tan es así que yo muchas de las cosas que hago o el noventa por ciento de las cosas que hago, son creatividad de mi papá. La gente me las achaca a mi, pero no, son de él.”

Más allá de seguir sus patrones a la hora de interpretar, Pupy recibió grandes enseñanzas de su padre quien le llamó la atención sobre otros grandes del teclado como Rubén González y Lilí Martínez. “Una vez, cuando era muchacho, había una orquesta tocando que se llamaba la orquesta de Orlando López, que era el hermano de Cachao. Y Orlando López no era un pianista de hacer cosas excepcionales, pero mi papá me dijo: - Mira, no pone tantas notas pero fíjate el swing que tiene tocando el piano. Y esa fue una de las cosas también que yo tuve como patrón, tratar de tener el swing, de poderle llegar al bailador y al que está oyendo la música.”

Siguiendo el tumbao
Al parecer, aquellas palabras surtieron efecto en el incipiente pianista que ignoraba entonces cuántas generaciones de cubanos disfrutarían con la música salida de sus manos. “Cuba es una cantera de bailadores también porque aquí, cada cierto tiempo, te cambian los pasillos, y hay que estar escribiendo precisamente en base a lo que ves. Cuando estoy tocando, me fijo mucho en el bailador a la hora de hacer el tumbao’. Es una relación de bailador con intérprete.”

El tumbao’ es una de las cosas fundamentales, aunque no tiene que ser precisamente de piano, puede haber un buen tumbao de bajo. Pero piano, bajo y tumbadora, con eso se hace un baile; son, en mi opinión, la tres cosas fundamentales para bailar. Porque cantar, el mismo bajista lo puede hacer. Yo estuve en un septeto y el resto de los integrantes se empezó a ir para otras agrupaciones y nos quedamos el piano, el bajo y la tumbadora; cantábamos la tumbadora y yo, y la gente gozaba cantidad con eso. Para mí, el piano tiene tremenda importancia.

Yo pienso que el aporte pianístico mío a los Van Van es una cosa que se creó como un sello.
Un día estábamos tocando en el Mambí de Tropicana y estábamos tocando un número que a mi papá le gustaba mucho, que es de Formell; y él llegaba y le decía: Ponme mi número - Si mami se va, se llama el número- que a mi papá le gustaba mucho y me decía: -¿por qué tú no le pones un tumbao’ ahí? No, pero es que, Formell… Entonces él habló con Formell y a partir de ahí empecé a hacer tumbaos en la orquesta. Fíjate que las primeras canciones de Los Van Van son muy distintas. Y el tumbao fue creando una base, fue creando un sello, de tal manera, que se hizo imprescindible hasta estos tiempos.

Y sé -no es inmodestia ni nada- es que me he fijado mucho cómo hacen el tumbao otras gentes y yo lo hago de una forma distinta. Fue mi idea a partir de que mi papá hacía el tumbao de una forma que yo dije: Si tengo un acorde completo, -un acorde tiene…cinco notas, cuatro notas- y si yo tengo esas cuatro notas para hacer un tumbao por qué voy a utilizar una sola. Y eso es lo que se hacía, la gente utilizaba una sola nota. Entonces qué es lo que hago yo, que reparto las cuatro notas, lo hago como si estuviera haciendo un tema de Bach.”

El precedente ineludible

Es muy difícil conversar con Pupy y no hablar de esa etapa en Los Van Van donde se consolidó su formación musical; una historia que comenzó a finales de la década del 60, cuando fungía como pianista y director musical de la Orquesta Revé hasta que entró Formell con sus ideas renovadoras. “Ya yo había hecho dos o tres arreglos a la Revé pero como esa orquesta tenía el estilo del changüí, y no se salía de ahí; Formell entró y a mi me gustó mucho lo que él traía, entonces paré yo porque vi la importancia de lo que él estaba haciendo y le abrí espacio. Y lo que hice fue aprender al lado de él. En esa época hicimos Qué bolá, qué bolón, El Martes, La chica solitaria, La flaca, El jueves…”

A finales de 1969, Formell fundaba su orquesta y ya en el 1971 Pupy realizaba los primeros arreglos para Van Van y también las composiciones iniciales: “Hice el primero, se llamaba El bate de aluminio, con otro más que se llama Tal como empezó que el arreglo lo hizo El Tosco (José Luis Cortés), el de El bate… lo hice yo. Entonces a Formell le gustó mucho el número y a partir de ahí seguí componiendo pero con mi estilo.”

Fueron tantos los años de trabajo conjunto que a estas alturas muchos son los que confunden la autoría de algunos éxitos de Van Van, atribuyéndole a Pupy títulos de Formell y viceversa. “Hay temas de Formell que yo le hacía arreglos y le adicioné los coros: Me basta con pensar, Si tú te vas… y mucha gente desconoce la luz verde que en esos momentos tenía yo en la orquesta. Por ejemplo, cuando yo hice El Buena gente, yo le puse el ritmo chango-son, porque le digo la idea a Changuito, lo toco en el piano y, él lo oía y entonces Changuito me decía, vamos a meterle a eso. Cuando iba a hacer un número en los Van Van al primero que yo llamaba era a Changuito y después se lo cantaba a Formell, le escribía muchas veces el tumbao; otras veces lo escribía él porque Formell tenía que cantar también, tenía que acomodar a él el cantar y tocar el bajo, entonces muchas veces tenía que simplificar el movimiento del instrumento. Nosotros nos dábamos el lujo de recrearnos en esas cosas. Pero era así, basado en esas tres personas: Formell, Changuito y César Pedroso. Juan, es mi hermano, y musicalmente es mi padre, pero siempre me decía: tú tienes talento para hacer una agrupación lo que pasa es que yo quería estar al lado de él y él quería que yo estuviera ahí.”

Sin embargo, el momento de seguir otros derroteros llegó y Pupy salió a los escenarios con una nueva formación: Los que son son.

La nueva orquesta

Fundar una nueva agrupación después de haber estado trabajando incesantemente, durante treinta años, con una de las orquestas más importantes de Cuba, supuso un reto, sobre todo para demostrar la validez de la nueva propuesta. “Yo desde un inicio quise poner trompetas y no tener flauta, porque ya estaba la orquesta de Manolito Simonet con flauta, trompeta y trombón. Y Van Van tiene flauta, pongo las trompetas. Es decir que traté de independizarme de eso. En cuanto a sonido se refiere, no tiene nada que ver. La gente al principio pensó que la orquesta se parecía a Van Van, no era eso. El problema es que en Van Van había dos talentos, vamos a llamarlo así, había dos compositores, dos arreglistas haciendo música para un mismo nombre. Al separarse, cada uno tenía sus características, su patrón, su sistema de escribir, pero se queda el otro talento, que es Juan Formell y el sonido de Van Van siguió siendo el mismo. Se separó una cosa que pasó a ser Pupy y los que son son. Es decir, que de los Van Van, salieron dos agrupaciones, cada una con su estilo.”

Contrario a todos los pronósticos, la nueva orquesta surgió con una fuerza increíble. Su primer disco, Qué cosas tiene la vida, se convirtió en uno de los fenómenos musicales de los últimos años pues todos sus títulos, sin excepción, estuvieron en los primeros lugares de las listas de éxito de la radio y la televisión y todavía hoy son aclamados y disfrutados por los bailadores. Amén de que este volumen obtuvo el Premio EGREM 2004, al disco del año por haber obtenido el mayor número de ventas. Semejante acogida fue una sorpresa para César Pedroso: “Yo, incluso grabo temas ahí con temor. Por ejemplo Qué cosas tiene la vida lo hice a solicitud de un dirigente de la EGREM porque ya ese número lo había grabado con Van Van. Entonces le hice un arreglo distinto y pegó. La fe mía era El pregonero, Juégala, y las Seis semanas que las incluí como un homenaje porque es el único tema que ha sido éxito por la misma agrupación en dos ocasiones. Un tema puede ser éxito por dos agrupaciones distintas pero no por la misma. Se grabó con Van Van dos veces, primero por Israel y toca la casualidad que entra otro cantante como Mayito Rivera, con su estilo, y pegó. Y el grabador Orestes Águila tuvo mucho que ver también con la mezcla del disco.”

Además del éxito alcanzado con los dos discos, otra de las credenciales que prestigian esta orquesta es la fidelidad de su sonido cuando se presenta en vivo. Esto es consecuencia de una férrea disciplina, virtud que Pupy aprendió de sus dos maestros anteriores: Elio Revé y Juan Formell; y también del profundo celo con que se realizan las grabaciones. “Aquí hay agrupaciones que te grababan con instrumentistas que no son los habituales, los invitan, y cuando ese número va en vivo, no pasa lo mismo, no puede, si falta el instrumentista. Lo sustituyen con teclado y cuando pasan en vivo es la decepción.”

En defensa del casino

El pretexto de nuestro encuentro, la cita internacional de bailadores Baila en Cuba que se celebrará entre el 27 de noviembre y el 1ro de diciembre de este año, nos lleva a una polémica que se ha desarrollado en los últimos tiempos. ¿Hay crisis del casino en Cuba? ¿La agresividad de la Timba tuvo que ver con esto? “La música nuestra no es tan agresiva como para dejar de bailar casino. Lo que pasa, que como todas las cosas, hay una corriente. Ahora está el reguetón que tiene su bailecito, tiene su cosa pero si tú te pones a mirar hay muchas cosas que nosotros hacemos que tienen lo mismo; que le dan la posibilidad al bailador de salirse del casino y bailar otra cosa. Por ejemplo, con De la Timba a Pogolotti se puede bailar son montuno, se puede bailar casino, hasta rumba puedes bailar. Nosotros tenemos un número que se llama Dicen que dicen que es para bailar son montuno y alguna gente se confunde y lo bailan como casino. El casino lo buscan y lo siguen. Lo veo internacionalmente. Esto que quieren hacer ahora hacía rato que tenía que haberse hecho. La convocatoria de ese baile en Europa es muy grande. Producto de todos los DJ; y no tanto ellos como los maestros de baile cubanos que se han ido, a ellos hay que agradecerles muchísimo. Los cubanos fueron los que inventaron eso pero ahora hay puertorriqueños haciendo su tipo de baile, con mucha coreografía; por eso hay que agradecérselo, porque utilizan la música nuestra. A partir de que utilizan la música nuestra, se pone en boga, eso es satisfactorio para los bailadores porque el casino no es americano ni es de Puerto Rico, el casino es de aquí, de Regla, del Liceo de la Habana Vieja. Y eso a nosotros nos satisface, porque se le dio muy poco valor y el casino tiene tremenda importancia porque es el único baile que tiene coreografía sin ensayarse.”

Qué cosas tiene la vida

A pesar de su indiscutible éxito con Los que son son, son muchas las veces que al referirse a su trabajo, a Pupy se le distingue como el pianista y arreglista que durante 30 años se mantuvo en la legendaria banda. “Los Van Van son parte fundamental de mi historia. Yo sigo siendo Van Van porque los que están actuando hoy, son una dependencia de nosotros los fundadores. Nosotros hicimos la base fundamental, la parte más difícil. Ellos tienen que mantener eso que nosotros hicimos, porque Van Van es una orquesta que va a quedar para la historia. También tengo a mi favor que la gente haya reconocido el trabajo de Los que son son en tan poco tiempo, eso es más difícil que otra cosa. Ahora si el trabajo mío estuviera todavía relegado, tuviera que depender del apellido de los Van Van para eso, a lo mejor me molestaría, pero como tal no me molesta, porque como quiera que sea, Los Van Van tienen una trayectoria de 35 años; e internacionalmente es un buen reconocimiento. Ese trabajo no me lo regalaron, ese trabajo yo lo hice con el creador de la orquesta, y si todavía ese apellido lo tengo que seguir cargando, lo sigo cargando con tremendo orgullo.”

Pero más que como el hombre que hizo grandes aportes a esa banda, más que como el director de una de una nueva formación que hoy goza de gran popularidad dentro y fuera de Cuba, Pupy quisiera ser recordado como el instrumentista que ha sido y por la vida que sólo él ha sabido darle a los tumbaos de piano. “En muchos lugares me ponen apelativos, me dicen El rey del tumbao, el señor tumbao, a mi me han regalado hasta pulóver con las manos mías puestas… vaya que sea todo relacionado con el tumbao, un tumbao contemporáneo. Porque fue una cosa que marcó también en la historia.”

 
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